MIEDO

Aliado o Enemigo

El MIEDO es una emoción desagradable, no nos gusta, incluso solemos entenderla como negativa. Pero a pesar de su mala fama, el miedo, es uno de nuestros mejores aliados para la supervivencia, ya que pretende mantenernos seguros y a salvo.

Cuando sentimos miedo aumenta nuestra frecuencia cardíaca, se dilatan las pupilas, abrimos los ojos levantando el párpado superior y extendemos nuestros labios en dirección a las orejas.

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La sensación es de tensión y alerta y se descarga una gran cantidad de energía dirigida hacia nuestras piernas y brazos que nos permitirá, en última instancia, huir o atacar.

¿De qué nos informa el miedo?

El miedo nos informa de la existencia de una amenaza

Simultáneamente a la reacción física, nuestro cerebro analiza si para la amenaza que hemos percibido tenemos suficientes recursos de confrontación, si la hemos vivido antes, qué otras cosas acompañan a la amenaza… y valora si la opción más viable es la Huída o el Ataque.

Cuando la percepción de amenaza desaparece, seguimos alerta un rato hasta que poco a poco vamos recuperando nuestro estado habitual. En ese momento, las imágenes, sonidos y sensaciones se van asentando en nuestro “archivo mental” de la experiencia.

Miedo irracional

Debemos ser conscientes que, en nuestra época actual y sociedad occidental, experimentamos con más frecuencia el miedo irracional, ya sea en forma de fobias o trastornos de ansiedad, que no el miedo por una amenaza real.

No vivimos rodeados de amenazas

La Fobia es el miedo a una situación, objeto o ser, que racional y lógicamente no se prevé que pueda hacernos daño. No existe un peligro objetivo que justifique el miedo y pánico que se desatan. Por ejemplo, fobia a las arañas, al dentista, a volar en avión,…

La Ansiedad es el miedo anticipatorio, la alerta. Cabe decir que la ansiedad “a secas” forma parte de nuestro estado natural y necesario para la supervivencia pero, a unos niveles tan bajos que no nos impiden vivir satisfactoria y plenamete. El problema es cuando existe un exceso de ansiedad ya que los efectos físicos y/o mentales nos impiden vivir con normalidad, es decir, la excesiva alerta nos perjudica más de lo que nos protege.

Y ¿qué sucede con el miedo a hablar en público, el miedo al fracaso o el miedo a perder…?

Esto no es miedo, es inseguridad. Un poquito de ansiedad, con una cucharadita de baja autoestima y una pizca de anhelo por ser aceptado y pertenecer… nada que con unas sesiones de coaching conductual e inteligencia emocional no se solucione.

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¿Cómo superamos el miedo?

La única opción para superar el miedo es HACERLE FRENTE

La afrontación de un miedo comienza por comprenderlo, ponerle razonamiento, entender hasta que punto es real la amenaza y qué recursos son necesarios para sobrevivirla.

Muchas veces el proceso de afrontación del miedo se termina en la fase de comprensión ya que, como hemos dicho, la mayoría de nuestros miedos hoy en día son irracionales.

¿Todos sentimos miedo?

Sí. No hay nadie en el mundo que no sienta miedo (a no ser que sufra alguna enfermedad o psicopatología), sobretodo a partir del momento que se es consciente del sufrimiento y de la muerte, nuestro temor más primitivo.

Puede parecer que los bebés y niños pequeños casi no temen a nada porque no ven el peligro y suelen tener conductas temerarias. Esto nos indica que, a sentir miedo también se aprende. Se aprende a qué temer y a cómo expresar el miedo, así como a afrontarlo o evitarlo a toda costa.

¿Qué diferencia a una persona valiente de una cobarde?

Las personas valientes escuchan lo que el miedo les advierte, valoran sus recursos y su actitud es la de hacer frente a la situación a pesar del miedo. El miedo es un aliado para ellas.

Las personas cobardes permiten que sus miedos les vayan limitando y no se plantean afrontarlo, por lo que dedican su energía a evitar situaciones que les generen esta emoción. El miedo es su enemigo.

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¿Y tú, frente a qué miedo fuiste valiente?

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Emociones

¿Qué son y para qué las necesitas?

Las emociones son la reacción física y mental que sucede tras percibir un estímulo, ya sea a través de nuestros 5 sentidos o de nuestra propia imaginación.

Las emociones son sensaciones cortas y temporales que se comportan como una descarga repentina que va disolviéndose poco a poco.

En niñxs a partir de los 3 o 4 años y en adultos, las emociones van acompañadas casi simultáneamente de pensamientos.

Estos pensamientos pueden ser de 2 tipos:

  • Recuerdos vividos, experiencias similares (propias o ajenas).
  • Posibles consecuencias del suceso y de las acciones que tomemos al respecto

Toda esta “secuencia” (percepción del estímulo, reacción emocional y reconocimiento) sucede en milésimas de segundo y, como casi siempre, el único objetivo de tal despliegue de medios es sobrevivir.

Las emociones forman parte de nuestro kit de supervivencia
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Durante aproximadamente los 3 primeros años de nuestra vida, vivimos únicamente en un mundo emocional, es decir, no hay pensamientos que acompañen al estímulo, ni lenguaje que lo explique. Somos un libro en blanco, así que todo lo que sucede a nuestro alrededor y con nosotros mismos se convierte en nuestro “registro automático” de causas y efectos que pasará a formar parte de nuestro carácter y personalidad. La mayoría de las emociones vividas en esta edad y el resultado de las mismas no lo recordamos, se guardan en lo más profundo de nuestro subconsciente, eso sí, son la base de nuestra autoestima, confianza, apego, seguridad, sentido de amor,…

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A partir de esa edad, seguimos viviendo emociones diariamente y seguimos aprendiendo de ellas (catalogándolas) pero podemos detectar el tipo de pensamientos que las acompañan o cuanto menos comprender la experiencia desde un punto de vista consciente y lógico, aunque sea a posteriori.

Las principales emociones son 6:

  • Alegría
  • Enfado
  • Miedo
  • Asco
  • Tristeza
  • Sorpresa

Y a partir de ellas se derivan todas las demás: Euforia, felicidad, Ira, Pánico, Fobia, Repugnancia, Angustia, Pena, desesperanza,…

Aunque muchas de nuestras emociones no son agradables, son vitales para nosotros por lo que no conviene en absoluto ignorarlas, evitarlas, reprimirlas o negarlas.

Cuando no las gestionamos bien, pueden convertirse en cargas emocionales y esto suele complicarnos la vida

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Lo mejor que podemos hacer con ellas es agradecerlas, reconocerlas, comprender de qué nos informan y gestionarlas para nuestro mayor bienestar y el de los demás. Todo ello se consigue a través de la Inteligencia Emocional.

En los siguientes post, veremos más en detalle cada una de ellas.

+ La Alexitimia es la incapacidad para sentir emociones y puede deberse tanto a una lesión neuronal como a un trastorno del aprendizaje.

El Post en video por si no te apetece mucho leer…
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