EL APEGO

¿Bueno o malo?

A lo largo de los últimos años he ido encontrándome con la palabra APEGO y con su significado por diferentes vías.

Personalmente lo descubrí a través de teorías sobre el amor de pareja y, haciendo distinción entre el amor y el apego y valorando que éste es algo que por nada del mundo queremos en nuestra vida, entendí que este vínculo emocional era casi peor que el mismísimo diablo.

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Un buen día, leyendo un libro muy interesante acerca del duelo, la pena y la gestión de los mismos, me encontré con una lista de 15 principios de la teoría del apego (según John Bowlby) y mi percepción dio un vuelco.

De pronto el apego puede ser beneficioso, no existe sólo un tipo sino varios y además, es una estrategia de supervivencia que ponemos en marcha cuando todavía ni razonamos y que nos proporciona protección y cuidados.

Hoy quiero compartir con vosotras éstos 15 principios, porque creo que a este concepto no se le atribuye la importancia y la necesidad que realmente tiene para nuestra salud mental, no solo como niños sino como adultos.

Sobretodo me gustaría que os quedarais con la idea de que “apegos” hay varios y que hay uno entre esos varios que nos conviene y mucho. He resaltado en negrita las ideas o puntos que me parecen más cruciales, aunque sin duda todos son dignos de desarrollar.

Espero que os sirva.

15 principios de la teoría del apego

Extraídos del libro “Pérdida, Pena y duelo” de Jorge L. Tizón

  1. La conducta de apego es aquélla que lleva a que una persona alcance o conserve la proximidad con respecto a otro individuo diferenciado y preferido.
  2. Las conductas de vinculación o apego son diferentes a las de alimentación y sexuales, aunque poseen una importancia al menos similar para la vida humana.
  3. Llevan al establecimiento de vínculos afectivos o apegos, al principio entre el niño y el progenitor y, más tarde, entre adultos.
  4. Esas conductas y patrones conductuales están modificados por sistemas de conducta que al principio del desarrollo se van corrigiendo homeostáticamente, pero siguiendo el criterio 1.
  5. Mientras que un vínculo de apego perdura, las diversas formas de conductas de apego que contribuyen a él están activas sólo cuando resulta necesario.
  6. Muchas de las emociones más intensas surgen mientras las relaciones de apego se forman, se mantienen, se desorganizan, se renuevan, etc.
  7. La amenaza de pérdida despierta ansiedad y la pérdida real, pesadumbre y cólera.
  8. El mantenimiento del vínculo de apego es la principal fuente de seguridad en la infancia y una de las fundamentales en la vida adulta.
  9. Por eso, la psicología y la psicopatología de las emociones coincide, en buena parte, con la psicología y la psicopatología de los vínculos de apego.
  10. Las conductas de apego se han hecho idiosincrásicas de muchas especies porque contribuyen a la supervivencia del individuo, al mantenerlo en contacto con quienes le brindan cuidado. Más aún en las especies nidícolas.
  11. Brindar cuidados es una conducta complementaria de la conducta de apego y cumple asimismo una función evolutiva: proteger al individuo apegado.
  12. Si la conducta de apego permanece potencialmente activa toda la vida y cumple funciones biopsicosociales adaptativas básicas, es un grave error suponer que su actividad en un adulto implica patología, regresión o “conductas inmaduras”.
  13. A cualquier edad pueden existir patrones perturbados de la conducta de apego, debido a que el desarrollo se ha desviado. Los tipos de vínculo de apego descritos más frecuentemente son el apego seguro, el apego ansioso, el apego evitativo y el apego ambivalente.
  14. Los principales determinantes del curso que sigue la conducta de apego son las experiencias del individuo con sus figuras de apego durante sus años de inmadurez: con la triangulación originaria (madre-padre-self) y/o sus sustitutos más permanentes.
  15. Los patrones de vínculos afectivos adultos dependen de la forma en la cual las conductas de apego se organizan en la personalidad.
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¿Qué estoy dispuesto a dar al otro y qué no?

¿Alguna vez te has preguntado esto?

En esta primera etapa del camino, la que habla de “Uno mismo“, hago una parada especial en preguntarnos, en serio, qué estamos dispuestos a darle a la otra persona y que no.

Puede parecer muy frío, poco espontáneo quizá, si es que tienes un concepto de pareja muy mágico (ya hablaremos de las creencias que dinamitan las relaciones sanas y reales) pero, respondernos honestamente en este aspecto, puede ahorrarnos cantidad de discusiones, quebraderos de cabeza y explicaciones en cuanto a las expectativas e ilusiones que la otra persona vuelca en nosotros y en torno a lo que prometemos y luego no somos capaces de cumplir.

Voy a soltarte tandas de preguntas variadas, para que tú puedas elegir las que consideras que tienen sentido preguntarte ante el concepto de pareja (existente o futura).

¡Ah! Se me olvidaba… antes de cada tanda de preguntas, trata de regresar a la cita siguiente y léela con toda la convicción que te sea posible:

Cuando decido dar algo a alguien, lo hago desde el amor y sin esperar nada a cambio

Mi espacio: Cuanto espacio y de qué tipo lo necesito? A cuanto de ese espacio estoy dispuesto a renunciar a cambio de compartirlo?

Mi tiempo: A qué me gusta dedicar mi tiempo? Cuanto tiempo necesito: para pensar, para descansar, para hacer deporte, para mi ocio, para mis amigos, para mi familia, para …? A cuanto de mi tiempo estoy dispuesto a renunciar a cambio de compartirlo?

Mi trabajo: Qué peso tiene mi trabajo en mi vida? Cual es mi ambición profesional? A qué estoy dispuesto a renunciar a nivel laboral a cambio de conciliar mi vida personal?

Mi dinero: Cuánto dinero necesito? En qué me gusta gastar el dinero y cual es mi capacidad de ahorro? A cuanto de mi dinero estoy dispuesto a renunciar a cambio de compartir gastos y beneficios?

Mi familia: Qué peso tiene mi familia en mi vida? Qué compromisos, eventos, tradiciones y costumbres tengo con mi familia? A qué estoy dispuesto a renunciar de mi familia a cambio de formar una nueva?

Mi ocio: A qué me gusta dedicar mis ratos libres? Cuales son mis aficiones o hobbies? A qué estoy dispuesto a renunciar de mi ocio a cambio de descubrir y compartir nuevas aficiones?

Mis amigos: Qué peso tienen mis amigos en mi vida? En qué circunstancias y con cuanta periodicidad veo a mis amigos? Cómo me relaciono con ellos? Qué amigos son como “hermanos”? A que estoy dispuesto a renunciar en este aspecto a cambio de compartir momentos a solas o de conocer nuevas amistades?

Lo vais pillando… ¿verdad?

Remato con algunas joyas de la corona: Confianza, libertad, hijos, fidelidad,… ¿Se te ocurren nuevas preguntas entorno a estos conceptos?

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Supongo que a estas alturas, empiezas a ser consciente de que es complicado encontrar a alguien que espere y esté dispuesto a dar y recibir exactamente lo mismo que tú, así que toca tener algunas cosas, las mas importantes, las que más nos definen, las que nos parezcan imprescindibles, muy claras.

Toca ser sinceros, flexibles, comunicativos y comprensivos a partes iguales con las personas que tenemos al lado, porque de ello depende que nos rodeemos de personas que nos quieren como somos y de estar cerca de aquellas personas que amamos como son.

Porque no olvidemos que, nuestra pareja, tiene el derecho y la responsabilidad de hacerse las mismas preguntas y darse sus propias respuestas.

¿En cuantas relaciones nos hemos involucrado sin tener muy claro ninguno o muy pocos de los conceptos que hay más arriba?